María del Castillo – Area Zinc Edición Especial Cuatro15

ANNA BRESOLI

Con una pátina nebulosa entre la realidad y la ficción, Anna Bresoli maneja un lenguaje de ilustración para dar consistencia a ideas poéticas de una tradición delicadamente femenina. En paisajes boscosos, en amplios campos de trigo agostados, a orillas de un mar virgen, en una hora y un tiempo incierto, entre la noche y el día, la lluvia y el sol, se congelan los momentos para catapultarlos a un estatus de atemporalidad, de infinito permanente que asegure su supervivencia. La artista presenta además una vertiente de mayor madurez temática y un tratamiento más duro de la imagen que, sin embargo, es una evolución lógica del mundo onírico que puebla su restante producción ya que podría considerarse su reverso tenebroso. La dualidad con la que vertebra su producción demuestra un conocimiento profundo de las características inestables de su peculiar estilo, sin dejar lugar a resquicios por los que se pueda colar la futilidad.

CAMILLA DE MAFFEI

El corpus de su obra se vertebra en el dibujo de la figura femenina a través de inquietantes ausencias evidentes y evidentes presencias huidizas que escapan por la soledad y los abandonos corporales. Encuadradas en un entorno doméstico -¿dónde habría de estar la mujer sino en el hogar?
– lo que les otorga una espectacular sensación de cercanía e intimidad; se muestran como fragmentos literarios expresados con una gama fría de colores que no puede sino confirmar la desconsolada soledad a la que se enfrentan las protagonistas. Camilla de Maffei maneja con especial destreza los bodegones con los que dibuja la huella material de sus mujeres, dejando patente en esta manera de componer que se necesitan unos ojos a los que enfrentar la mirada para adivinar el sentimiento latente.

EUGENI GAY

La fotografía de viajes es uno de los terrenos pantanosos en los que se mueve como pez en el agua este integrante del grupo. Al observar las imágenes que reflejan el espejo del que llamamos “el otro”, se suele sentir una inmensa atracción, en definitiva, la misma atracción a lo desconocido que espolea el miedo. La calidad en la mayoría de los casos se mide por el nivel de exotismo de los personajes y costumbres retratados, de ahí que la mediocridad se disfrace de colores explosivos, paisajes de infarto y folklorismos occidentalizados. Eugeni Gay maneja el mismo lenguaje independientemente del motivo que vaya a fotografiar, un vicio que podría considerarse causa de una fotografía amateur pero que en el caso de la de viajes da lugar a un resultado de cotidianeidad. Y es precisamente en esta atmósfera de acontecimientos inexistentes y actos reflejos, donde la fotografía de viajes cobra un sentido más profundo y trascendente, propio de diálogos del siglo XXI entre entidades iguales.

FRANCISCA RIBEIRO

La saudade portuguesa es un estado de ánimo que no tiene traducción en otros idiomas porque quien habla, sólo nombra lo que conoce. La mezcla imperfecta e imprecisa entre el recuerdo feliz que, sin embargo, causa dolor por la ausencia, se traduce en las imágenes empañadas de la portuguesa del grupo.
Paisajes que mezclan realidad y ficción, silueteados como avistados por el ojo de una cerradura que no es sino sinónimo de sueño inducido. Las referencias a Alicia en el País de las Maravillas, a la Caperucita Roja perdida en el bosque surgen en un primer momento, sobre todo si buceamos en las descripciones de sus capturas colgadas en Flickr, verdaderos microrrelatos que merece la pena seguir de cerca. Las dos actividades no son sino paralelas, ni subsidiarias ni complementarias, en un buen camino hacia la obra de arte total, deshaciendo los entuertos clásicos entre arte y poesía.

ISABEL GONZÁLEZ

Isabel González parte de una sólida carrera de periodismo para trazar su camino por la fotografía en la que realiza reportajes de gran calado social. Los márgenes del discurso cobran importancia bajo su objetivo en un estilo veraz y cercano de retratos de los protagonistas como si fueran efigies regias y serenas. Teniendo en cuenta que el reportaje de los dobleces de la sociedad es siempre la solución más fácil para epatar a las audiencias, lo más lógico es que el lenguaje de la fotografía busque elementos más sencillos a los que dirigir la misma atención. La fotógrafa, en la serie que presenta para este número, aporta una muy personal visión a una boda, mediante la atención a los detalles y a los acontecimientos en tiempo presente pero secundario. Prácticamente no hay protagonistas sino sombras, destellos de aquellos que acaban de pasar, escenas desenfocadas y fueras de cuadro como si la cámara participase de la emoción del momento. Las escenas familiares que tanto nos gustan escudriñar al llegar a una casa, quedan boca arriba en la mesa sin temor a que se puedan desvelar las intimidades de los protagonistas porque, en apariencia, pero sólo en apariencia, parece que no pasa nada y por ello no hay nada de lo que avergonzarse.

MANU PINEDA

Manu Pineda nos presenta unas imágenes crudas y desgarradas como la más pura verdad narrada para los adultos que verdaderamente han madurado. En lugar de una narración donde los protagonistas lleven el peso de la narración, la mirada se centra en destellos de la realidad, pequeños miradas hacia los renglones intermedios que habitualmente sirven de ilustración secundaria pero que en este peculiar relato cobran entidad por sí mismas. Adivinamos sin llegar a una conclusión que nos satisfaga, quizás porque las conclusiones que se nos presentan son incómodas: los llantos, los rezos y el dolor enrabiado quedan suspendidos en los rostros de quienes miran al objetivo como si hubieran descubierto al espía y aceptaran indolentes a su presencia. Los objetos, los lugares, como un raudo paseo en dirección hacia un lugar indefinido que no es sino ese instante de instantes suspendidos, mirando a ninguna parte, haciendo nada del otro mundo pero con el peso emocional suficiente para que el espectador quede enganchado sine die, preguntándose qué pasa y con la sensación impotente de no poder resolver el enigma.

PIKO ZULUETA

Los héroes hasta hace muy poco eran los que se sacrificaban por los demás y semejante entrega era recompensada con los honores propios, entre ellos ser inmortalizados para la posteridad y evitar que su nombre se perdiese en la noche de los tiempos. Por otra parte, reyes, nobles y hombres de poder, tenían el privilegio de transcender su momento por el simple puesto que ocupaban. El pueblo llano, todos aquellos que no se podían encuadrar en la categoría de héroes míticos ni ocupaban el lugar adecuado, era un soplo en el presente y sus hazañas meros recuerdos momentáneos. Con unos retratos que muestran sin tapujos los restos de la batalla y las heridas de guerra, Piko Zulueta inmortaliza a los anónimos participantes del Carnevale de Ivrea, una pelea encarnizada donde los proyectiles son naranjas. Lejos de centrarse en el momento lúdico y la abigarrada composición de los cuerpos en plena potencia, las fotografías reflejan a ese pequeño protagonista que con una simple mofa de guerra se siente, por un día, héroe.

 

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vea las obras de la edición especial en www.area-zinc.com

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